Un sueño cocinado a fuego lento

Cuando era pequeña solía canturrear todo el tiempo y a veces lo hacía agarrada a un cepillo, un cucharón o cualquier cosa que pudiera parecerse a un micrófono y fantaseaba con que estaba subida a un escenario. Algunas veces hasta me grababa en cintas de casete haciendo experimentos con la voz y otras gamberradas sonoras. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? ¡Pero de ahí a imaginar que un día llegaría a grabar un disco profesional! ¡Guau! Creo que eso no me atrevía ni a soñarlo.

Mi vocación era ser escritora y ¿qué tenía que ver eso con la música? Aunque, pensándolo bien, me pasé la infancia entera escuchando los poemas de la escritora Maria Elena Walsh cantados en la voz de Rosa León, eso tuvo que dejar algún poso en mí, seguro.

Pero esto que puede parecer una locura no es un capricho repentino.

Es, sencillamente, el fruto de una ilusión que se ha ido cocinando a fuego lento. La cosa empezó así: primero descubrí que a los peques les encanta cantar y que no les importa si tú, que estás jugando con ellos, lo haces bien, regular o mal; disfrutan si disfrutas. Así que, un buen día, empecé a inventar estribillos y pequeñas canciones para acompañar algunos de mis cuentos. Después recordé que sé tocar la guitarra y esta empezó a acompañarme a las sesiones, hasta hacerse imprescindible. Más tarde incorporé el guitalele a la ecuación.

Ya llevaba unos cuantos estribillos a mis espaldas cuando una tarde, al terminar una sesión en la biblioteca de Yunquera (un pueblo de la provincia de Guadalajara, en la que vivo), una niña me reprochó, bastante enfadada, que hubiera dejado uno de los cuentos sin canción. Y eso me hizo reflexionar y, desde entonces, intento crear un acompañamiento musical para cada cuento que publico. Se lo debo al enfado de aquella pequeña.

Casi al mismo tiempo empecé a recibir mensajes de personas que me preguntaban: “¿Dónde se pueden escuchar tus canciones?”. E incluso había hilos enteros en redes sociales en los que unas personas se decían a otras cómo era tal o cual canción mía de este o ese cuento y se preguntaban si había manera de escucharlas completas. Una vez, un librero me escribió para pedirme si podía mandarle una nota de voz cantando el estribillo de “Marcelina en la cocina”, porque la hija de una buenísima clienta no paraba de pedirla y su madre estaba ya desesperada. Lógicamente, esto también me hizo pensar.

Pensando, pensando, llegué a la conclusión de que mis canciones merecían ser grabadas.

Al menos para esas personas que tenían ganas de escucharlas más allá de mis sesiones de cuentacuentos. Pero, si lo hacía, quería hacerlo bien.

Por suerte, mis años de aprendiz en la escuela de voz AM me han llevado a una gran amistad con sus directores que, además de dicho centro de formación, tienen un prestigioso estudio de grabación. Les conté la idea y enseguida recibí su apoyo. ¡Nos pusimos manos a la obra! Ellos me pusieron en contacto con el maravilloso Ángel Colomé, y empezó el proceso: arreglos musicales, coaching de voz para dar lo mejor de mí misma, grabación, coros… ¡Estábamos en marcha!

El resto ya lo sabes. Para acompañar la música nos pareció imprescindible hacer un libro con las letras y aportar un valor añadido con juegos e ilustraciones originales. Y así nació el libro musical “CANTA CON GRACIA Y SALERO”.

Ahora confío en que muy pronto lo puedas tener en casa y que tú y tu familia disfrutéis con él tanto como nosotros hemos disfrutado creándolo.

Si quieres apoyar el proyecto, únete a nuestra campaña de crowdfunding para costear la impresión del libro.